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miércoles, 27 de abril de 2016

Noticia IDEAL:El Archivo Histórico expone documentos firmados por Cervantes a su paso por Jaén en 1592



El Archivo Histórico Provincial acoge hasta el 5 de junio la exposición pública de una serie de documentos notariales otorgados y firmados por Miguel de Cervantes durante su paso por la provincia de Jaén en el año 1592.

"Se trata de cuatro documentos firmados de puño y letra por el propio Cervantes de los poco más de 70 que se conservan en toda España", ha explicado la delegada del Gobierno andaluz en Jaén, Ana Cobo, durante la inauguración de esta exposición en la que ha estado acompañada por la delegada territorial de Cultura, Turismo y Deporte, Pilar Salazar, y el director del Archivo, Juan del Arco.

Cuando se cumple el 400 aniversario de la muerte del autor de El Quijote, la delegada ha subrayado que Jaén es considerada como una provincia cervantina porque "algunos de los episodios de sus obras transcurren en Sierra Morena y otros puntos de la provincia, y es posible que el trabajo de Cervantes como recaudador en Jaén para la provisión de galeras le sirviera como fuente de inspiración en su obra".

Igualmente, Cobo ha anunciado que la Consejería de Cultura está trabajando en la digitalización de estos documentos, junto a una trascripción actualizada de los mismos, para que su contenido sea accesible para todo el público interesado a través de la web de la Consejería, en una actividad inserta en el conjunto de las que se han realizado por la Comisión Nacional del Cuarto Centenario.

Para ayudar a la contextualización de estos documentos históricos el visitante también puede observar una imagen de la ciudad de Jaén de la época, amurallada, rodeada de huertas y de ermitas. Se trata de una obra del artista flamenco Wyngaerde, que por encargo de Felipe II recorrió el reino para pintar las principales ciudades que colgarían del Alcázar de Madrid.

El paso de Cervantes por Jaén se remonta al 1 de octubre de 1591 cuando el Proveedor General de las Galeras de España dio comisión a Diego de Ruy Sáenz y a Miguel de Cervantes Saavedra para que en el Obispado de Jaén y en otras partes de Córdoba, Granada, Málaga y Cádiz fuesen comprando trigo, cebada, habas y garbanzos, para que, en el Puerto de Santa María, Málaga y Antequera se fabricase bizcocho para la provisión de las galeras.

El encargo era para que adquirieran hasta sesenta mil fanegas en los municipios jiennenses al precio más beneficioso para la real hacienda pero "sin hacer agravio ni injusticia de quien el trigo se tomare e comprare".

Para ello el rey Felipe había mandado proveer doscientos mil ducados, pero estos no habían llegado aún, por lo que la paga se había de comenzar con certificaciones de la cantidad que a cada uno se tomaba, lo que no debía ser del agrado de quienes se veían, a pesar de las advertencias, forzados a contribuir con la armada.

Pero eran muchas las tareas que había que hacer, y mucha la necesidad de los aprovisionamientos y los dos comisarios no daban lugar a tanta ocupación, por lo que hubieron de delegar su labor.

Así, las fechas claves de la presencia en la ciudad son el 14 de marzo de 1592, el 18 de marzo, el 23 de marzo y el 31 de marzo de 1592. En ellas, Miguel de Cervantes se personó en el despacho de Pedro Núñez de Ayala, escribano del número, y fue delegando parte de la comisión que traía para tal recaudación a Diego López Delgadillo, a Cristóbal Pizarro y a Antón Caballero. Con la indicación expresa de que con aquellos que fuesen rebeldes, rompiesen puertas y candados, y recogiesen el trigo y cebada donde estuviere.

En total se muestran cuatro poderes validados con cuatro firmas, hechas de puño y letra por Miguel de Cervantes, con 'b', ante un escribano público que dio fe de su presencia en la ciudad de Jaén en esas fechas.

Llama la atención un Cervantes con 'b', escrito por él mismo, como si no fuera capaz de escribir correctamente su apellido. La razón, como ha explicado el filólogo Carlos Alvar, era que no había normas ortográficas y que la 'b' y la 'v' se utilizaban según la voluntad de quien tomaba la pluma; y Cervantes firmó siempre con 'b'. No fue hasta el siglo XVIII, cuando la Academia fijó las normas, y se siguió una tradición de poner después de la 'r' o 'l' una 'v'.