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martes, 26 de noviembre de 2013

El premio de novela histórica “Ciudad de Úbeda”ha sido otorgado a Magdalena Albero Andrés por la novela “La hija de Kleón”



La novela discurre en la Grecia clásica del siglo III A.C.  Siguiendo el modelo de Homero con la Odisea, el autor presenta una novela de aventuras, escrita en primera persona, en la que Irene, hija de Kleón, busca su destino, al morir su madre y sus hermanos y al caer su padre en desgracia. La protagonista realiza un largo viaje, (en lo que es también un exilio interior), que la llevará por el mar Egeo, viviendo primero con sus tíos Herófilo y Helena y luego con personajes, sin duda interesantes, como Exome, Festos, Dafne, Linos o Leandro. Aventuras y desventuras, encuentros y desencuentros,  que la llevarán desde Atenas a la isla de Creta, Alejandría o Rodas.

A través de los viajes de la protagonista y de los personajes que aparecen en su vida, el autor nos coloca ante dilemas artísticos, médicos y filosóficos de forma instructiva y muy amena, con una buena ambientación de la Grecia clásica, Creta, Rodas y Alejandría y un final medianamente feliz, ajustado y bien conseguido. El autor recrea con soltura el mundo clásico y la lucha continua de la protagonista por ser valorada primero como mujer, después como médico e investigadora y finalmente como libre pensadora en una sociedad bastante reacia a resonancias femeninas. La traslación a nuestros días de ese mensaje y el hecho de ser una novela de aventuras, escrita con amenidad, la convierte en una novela en la que el lector (o la lectora) puede verse reflejado. Es valiente al plantear dilemas morales sobre los límites de la investigación y el avance de la medicina o cuestiones como el matrimonio, el embarazo o el aborto.   Apuesta decididamente por la instrucción y por la investigación como motores de avance de la sociedad y el decisivo papel que juega la mujer en ese proceso. El mito clásico del “paraíso terrenal” y la importancia de los elementos de la naturaleza o del paso del tiempo, están muy bien conseguidos. El epílogo escrito después de muchos años,  en tercera persona, en Alejandría, con los recuerdos, las impresiones y los sueños de Helia, la hija de Irene, de ser médico, es muy hermoso. Aún siendo una novela larga, con abundancia de personajes y de lugares, el autor sabe mantener la tensión y la incertidumbre por el devenir de la protagonista, describe con sabiduría sus angustias, sus miedos y sus deseos, y logra un relato ameno que gustará a todos los que lo lean.